La productividad es como un cóctel, depende de cómo lo prepares triunfarás o no

por Lean Magazine

Cada economía tiene sus espadas de Damocles  y en nuestro caso una de ellas siempre ha sido una histórica baja productividad.

En los últimos años y como efecto de la profunda crisis económica que hemos sufrido, algunos de los ingredientes que mantienen e incluso aumentan nuestro perenne mal se han agudizado.

Una de las medidas tomadas ha sido el abaratamiento del despido. Esto ha provocado un aumento de disponibilidad de mano de obra cualificada. Varios millones de nuevos parados con experiencia se han incorporado a la cola de la demanda laboral. La misma a la que nuevas hornadas de jóvenes híper preparados llegan curso tras curso. A este hecho se ha sumado una menguada capacidad del sistema económico para absorber toda esta oferta.

Estos dos factores actuando a la vez, y en muchos casos retroalimentándose entre ellos, han provocado el logro de productividades basadas en la reducción de los costes fijos.

De este modo se ha normalizado un cóctel, que a pesar de lo que puede parecer, cuando es mal usado puede servir para lo contrario. A priori su uso puede facilitar la obtención de productividades fáciles y rápidas, pero esto lleva asociado el consiguiente peligro de acostumbrarse a apoyarse siempre en él, estableciéndose entonces una serie de efectos que actúan de forma opuesta a la deseada; Contratos de corta duración, pérdida de conocimiento y experiencia, sueldos a la baja, más horas extras (a veces no pagadas), aumento del presentismo, reducción de la inversión en formación, mayor presión general sobre toda la organización para mejorar a base de hacer las cosas más rápido, no necesariamente mejor. Miedo a la inestabilidad laboral, estrés, perdida de implicación, división, percepción por parte de los trabajadores de sufrir una mala gerencia, etc.

En definitiva, el cóctel va cargando la productividad contra el trabajador y sus condiciones, desincentivándolo como una mente proactiva en su puesto de trabajo.

Si esta rueda se sigue aplicando una y otra vez la mejoría de la empresa queda a expensas de una recuperación económica general (que solo soluciona el problema aparentemente) o en el caso de que esta no se produzca a tiempo, a una crítica pérdida de competitividad que haga insostenible su continuidad.

Ante esta difícil coyuntura, la Mejora Continua propone darle la vuelta a la situación ofreciendo la oportunidad a cualquier empresa de mejorar su productividad desde un prisma completamente diferente. El trabajador es la figura clave, su misión realizar cada proceso bien a la primera. Su implicación será necesaria y fundamental como dueño de sus procesos y por lo tanto como principal actor de su optimización a través del análisis y la generación de ideas que permitan eliminar o reducir todo aquello que no aporta valor. De este modo las empresas consiguen competitividad por la constante participación de todo su capital humano en la mejora de sus procesos, adaptándose así continuamente a una coyuntura cambiante.

En aquellos países donde el pleno empleo es un hecho o está cerca de serlo, donde la oferta de trabajo es amplia y los trabajadores pueden fácilmente buscar nuevos trabajos que les desafíen y les permitan aportar, trabajar en el método que propone la Mejora Continua es una necesidad para las empresas, ya que sin duda responde a esa necesidad de todos como trabajadores tenemos de sentirnos valorados e implicados.

Pero esto no sucede a cualquier precio. Trabajar en Mejora Continua exige a las empresas ser valientes y dar un decidido paso adelante, lanzándose a un exigente cambio de mentalidad y de estrategia, invirtiendo en formación, tiempo, escucha, debate, acuerdo, implicación, etc., en un proceso que dura años y en el que debe embarcarse absolutamente toda la organización empezando por la dirección.

Por lo tanto y ante esta disyuntiva, es el momento de pensar en nuestras empresas ¿Qué camino tomar? el rápido, pero quizá insostenible, o el largo, pero sin duda sostenible, preguntándonos:

¿Cómo queremos conseguir hacer que nuestras empresas sean más competitivas a largo plazo?

¿Cómo lo queremos hacer en una economía que cada día es más global?

¿Cómo vamos a enfrentarnos a economías que ya solo pueden elegir la Mejora Continua como la mejor herramienta para conseguir productividad?