Mil excusas para no cambiar. Un buen motivo para hacerlo.

por Lean Magazine

El cambio, según la RAE es “la acción o el efecto de cambiar”, y cambiar es “dejar una cosa o situación para tomar otra” así como “modificarse la apariencia, condición o comportamiento”.

Estas definiciones parecen no tener ningún componente de complejidad, de forma que pueden ser comprendidas de forma general.

Ahora bien, tomando como punto de partida esta introducción, vamos a adentrarnos en la realidad más profunda de “el cambio”,  el cual muchas personas así como organizaciones, quieren emprender y por muchas razones, es bastante más complejo de lo que inicialmente parece.

Reflexionemos, ¿Cuántas veces hemos opinado sobre lo fácil que es que los demás puedan hacer lo que nosotros mismos hacemos?

Como nosotros no encontramos dificultad en ello, además lo hemos aconsejado si nos lo han pedido. Sin embargo, ¿Cuántas veces hemos cambiado nosotros ante ese consejo de amigo o compañero? ¿Hemos hecho lo que nos han aconsejado? ¿Y eso por qué ocurre? ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? ¿Por qué encontramos excusas para no cambiar?

Y si no las encontramos, ¿Por qué incluso a veces, nos las inventamos para justificarnos a nosotros mismos, que no podemos cambiar?

Pues esto mismo que nos pasa a nivel particular, ocurre a nivel de organizaciones. Organizaciones donde en función del tipo de management, la edad de la empresa, el sector al que pertenece, la cultura social,….y en definitiva toda la suma de características individuales, hace que esta definición tan sencilla por la cual hemos empezado, sea realmente compleja, tan compleja que este cambio a veces no llega hasta pasado mucho tiempo tras empezar a generar acciones para fomentarlo.

Pues bien, después de estos procesos largos, donde tanto cuesta despertar ese espíritu de cambio, y donde se empiezan a hacer cosas de forma diferente con resultados mejores que los anteriores, es cuando se puede percibir la sonrisa y el optimismo de las personas dentro de las organizaciones al estar consiguiendo superar esas barreras virtuales que nosotros mismos nos habíamos puesto en el camino. El cambio es tan sencillo como satisfactorio. ¿Por qué perderse esta aventura tan fascinante?

Apliquemos el principio número 2 del Kaizen en la vida como en las empresas: “En lugar de explicar lo que no se puede hacer, reflexionar cómo hacerlo”.

Las empresas son personas, procesos, productividad. Potencia a las personas y tu empresa despegará rumbo al cambio.